DOS OBRAS SOBRE SAN GREGORIO OSTIENSE, ABOGADO CONTRA LAS PLAGAS DEL CAMPO, EN LA BIBLIOTECA LÁZARO GALDIANO


Por Milena Viceconte

Entre los santos invocados tradicionalmente contra los desastres naturales, San Gregorio de Ostia es considerado ―junto con San Agustín― el abogado contra las plagas agrícolas y en particular contra las invasiones de langostas. Desde la temprana Edad Moderna, sus prodigiosos efectos se han manifestado por medio del agua que se convertía en milagrosa después de pasar por el relicario antropomorfo, en forma de busto, que se custodia en la basílica de San Gregorio Ostiense, cerca de la localidad navarra de Sorlada.

Esta peculiar advocación gozó de popularidad en la península durante los siglos XVII y XVIII como queda atestiguada, entre otras evidencias, por algunos folletos impresos que circularon en aquellos territorios donde, gracias a su acción milagrosa desaparecieron las plagas. Un par de ejemplos de esta curiosa producción editorial se conservan en la Biblioteca Lázaro Galdiano.

La devoción a San Gregorio, un monje benedictino que vivió en el siglo XI en Roma y, después, en Navarra, se remonta a comienzos del siglo XVII, cuando empezaron a circular algunos textos hagiográficos que referían sus milagros contra las plagas del campo. Uno de los más antiguos se titula Sanctorum trium episcoporum religionis Benedictinae luminum, Isidori Hispalensis, Ildefonsi Toletani, Gregorii, cardinalis Ostiensis: Vitae et actiones, de Costantino Gaetano ―Roma, 1606―, aunque la Historia de San Gregorio de Piñava, obispo de Ostia, deAndrés de Salazar ―Pamplona, 1624―, fue sin duda la obra que más contribuyó a difundir la fama del santo en España. Según relatan estas fuentes, Gregorio había sido abad del Monasterio de San Cosme y Damián en Roma, y después obispo de la cercana ciudad de Ostia. Hacia 1039 el Papa Benedicto IX le había enviado a Navarra junto con otros monjes y clérigos para poner fin, mediante la poderosa intercesión de sus oraciones, a una invasión de insectos que estaba dañando los cultivos cercanos al río Ebro. Efectivamente, la plaga desapareció y se convirtió en protector ante este tipo de catástrofes. Falleció al poco tiempo, en Logroño, el 9 de mayo de 1044. 

Sus reliquias se llevaron desde Logroño a Sorlada y fueron depositadas en una ermita dedicada a San Salvador, en el monte de Piñalba ―Piñava― donde, más tarde, se construyó una basílica barroca ya con la advocación de San Gregorio Ostiense. Desde entonces, su nombre fue implorado en numerosas ocasiones por comunidades abatidas por plagas agrícolas, y sus reliquias, preservadas en un relicario en forma de busto, se han portado en procesión. Después de la ceremonia se pasaba agua por la «Santa Cabeza» para que fuese milagrosa y se conservaba en el santuario a disposición de quien se acercase a recogerla para rociar las tierras infestadas o para combatir enfermedades del ganado y de las personas, tal como ilustra un aguafuerte realizado en 1737 por Carlos Casanova. El santo aparece de pie dentro de un nicho, rodeado de cuatro viñetas que ilustran sus principales episodios milagrosos.

Casanova, Carlos: San Gregorio Ostiense, Estampa. 1773. Biblioteca Nacional de España:  INVENT/36127.

En la parte central de la estampa, unos clérigos vierten agua en el interior de la reliquia mediante de un embudo de plata colocado en una abertura situada en la parte alta de la cabeza, sale por otro orificio en la parte baja, en el cuello de la reliquia, y se deposita en una jarra.

Casanova, Carlos: San Gregorio Ostiense, Estampa. 1773. Biblioteca Nacional de España:  INVENT/36127. Detalle.

Por haber pasado por la reliquia del santo, se convierte el agua en milagrosa y, de esta manera, en remedio seguro para evitar no solo las plagas en los campos, sino también para curar enfermedades de los feligreses, como se ve a la derecha de la escena, donde vemos unos personajes que beben el agua bendita.

Casanova, Carlos: San Gregorio Ostiense, Estampa. 1773. Biblioteca Nacional de España:  INVENT/36127. Detalle.

Finalmente, en la parte inferior la estampa, en una cartela sostenida por dos putti, se puede leer como «se experimentan innumerables prodigios con el agua passada por la cabeça del Santo, pues rrociando los campos con ella se havienta la langosta, y todo genero de sabandijas dañosas para los frutos de la tierra».

Casanova, Carlos: San Gregorio Ostiense, Estampa. 1773. Biblioteca Nacional de España:  INVENT/36127. Detalle.

A lo largo de la Edad Moderna, el rito del agua de San Gregorio se llevó a cabo en distintos territorios de la península, acompañado por plegarias y procesiones en los lugares afectados por los acrídidos voladores o por otros insectos nefastos para las cosechas. El relicario de San Gregorio salió en dos ocasiones en el siglo XVI, pero la más conocida es la que tuvo lugar durante cuatro meses en 1756 y 1757, cuando recorrió buena parte de la geografía española para remediar la plaga de langostas, iniciada en 1754, y que afectó particularmente a Andalucía, La Mancha y Valencia. Para hacer frente a esta emergencia, además de medidas prácticas relacionadas con el tratamiento de la tierra, se estableció mediante una Real Provisión de Fernando VI, de 14 de octubre de 1756, que la «Santa Cabeza» de San Gregorio de Ostia se trasladaría desde el santuario de Sorlada a las localidades que más necesitaban la intercesión del santo, para orar en presencia de la reliquia. Debía quedar memoria de tal extraordinaria visita y por eso en algunas ciudades se publicaron breves crónicas acerca de la llegada del cráneo del obispo, con la descripción de las procesiones y de las plegarias llevadas a cabo para la ocasión.

Los impresos que se guardan en la biblioteca Lázaro Galdiano hacen referencia a la visita de la santa cabeza en Córdoba y Granada en 1757: se trata de dos folletos que se titulan respectivamente Vida y milagros del Señor San Gregorio, escrita por el religioso Juan Pedro Moreno Arias, y Extracto de la vida de S. Gregorio Ostiense, obra de Luis de Valdivia Vázquez.

Moreno Arias, Juan Pedro: Vida y milagros del Señor San Gregorio, obispo de Hostia en Italia, protector contra la langosta y todo genero de insectos y descripcion de la celebrima funcion con que solemnizo la feliz y venturosa llegada de la Sagrada Cabeza de este glorioso Santo, esta Muy Noble y Muy Leal ciudad de Cordoba. En Cordoba: en el Colegio de Nra. Sra. de la Assumpcion, [hacia 1757]. Biblioteca Lázaro Galdiano, IB 13541-32.

Si el primero es un pliego de apenas cuatro páginas, el impreso granadino consta de unas treinta páginas y cuenta además con una imagen del santo que precede a la portada. Se imprimió, como se indica en las «Advertencias» al lector, en memoria de la solemne llegada de la reliquia en la ciudad, el 11 de enero de 1757, para fomentar en la comunidad local la «devota confianza» hacia el santo y para «recabar su poderoso patrocinio contra la plaga de la langosta». El autor, el jesuita Luis de Valdivia, ofrece una recopilación de distintas fuentes hagiográficas, algunas de ellas traducidas al castellano para que sean de fácil comprensión al lector.

Valdivia Vázquez, Luis de (S. I.): Extracto de la vida de S. Gregorio Ostiense, obispo y confessor, protector contra la plaga de la langosta, oruga, pulgón y demás nocivos insectos, sacada del Flos Sanctorum del Señor S. Benito, y del Acta Sanctorum del Padre Daniel Papebrochio, y sus continuadores de la Compañía de Jesús. Tom.2. del Mes de Mayo día 9. En Granada, por Joseph de la Puerta. Año de 1757. Biblioteca Lázaro Galdiano, IB 12254-5.

En cuanto a la imagen, se trata de una sencilla estampa devocional que muestra el obispo de pie, en actitud de bendecir, sujetando el báculo con la mano izquierda; debajo de la imagen, una inscripción identifica el santo abogado como «Protector contra la Langosta».

Valdivia Vázquez, Luis de (S. I.): Extracto de la vida de S. Gregorio Ostiense… Biblioteca Lázaro Galdiano, IB 12254-5.

Los dos impresos contribuyeron sin duda a fomentar a nivel local el culto hacia el santo de Ostia, así como otras relaciones contemporáneas publicadas en los demás centros que tuvieron el privilegio de recibir la visita de la reliquia milagrosa, y cuyos ejemplares se han podido localizar en los fondos antiguos de bibliotecas estatales y universitarias en Madrid, Barcelona y Valencia.

La veneración al santo abogado contra las plagas agrícolas sigue viva actualmente en algunas localidades de la península, por ejemplo en Logroño, donde la Cofradía de San Gregorio organiza desde hace años actividades alrededor de una antigua ermita situada en el casco histórico de la ciudad. Cada 9 de mayo, día del santo, en las iglesias y capillas españolas bajo su advocación se celebran misas y plegarias extraordinarias porque se confía en el agua milagrosa de la reliquia de Sorlada para proteger los campos de cualquier tipo de plaga.

La «Santa Cabeza» ―de plata, obra de José Ventura― con su mejor mitra, de perlas y brillantes, en la Basílica de San Gregorio Ostiense de Sorlada (Navarra).

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