La fortuna de los libros: sobre la ventura de algunas joyas bibliográficas de la Biblioteca Lázaro Galdiano


Exposición: 23 de septiembre a 23 de noviembre de 2015
Museo Lázaro Galdiano. Sala Joyas Bibliográficas. Serrano 122. Madrid.
De 10,00 a 16,30 horas. Domingo hasta las 15 h. Martes cerrado (septiembre) y lunes cerrado (octubre y noviembre).

La exposición La fortuna de los libros muestra un conjunto selecto de joyas bibliográficas de la Biblioteca Lázaro Galdiano para ilustrar la suerte que los libros han tenido a lo largo de los siglos, desde que el autor, promotor o editor tuvo la idea, hasta su divulgación, recepción o destino final.

Se exponen manuscritos e impresos que son el reflejo de lo que el ser humano ha sido capaz de producir a lo largo del tiempo, unos en perfecto estado de conservación y otros incompletos o con apariencia muy diferente a la que concibió su autor. A veces muestran la imaginación y la libertad de creación del autor o promotor, y otras recuerdan intervenciones posteriores de quienes han querido controlar su uso o difusión e, incluso, destruirlos para siempre. Son libros con buena ventura y en ocasiones con menos suerte, aunque no tan desafortunados como otros que solo estuvieron en la mente de alguien, como aquellos que el promotor o editor quiso difundir y no encontraron autor o como los que solo se citan y de los que no se conservan ejemplares porque tropezaron con condenas, accidentes, descuidos o negligencias.

Por vez primera, estos ejemplares que ahora se exponen han sido rescatados de los catálogos en los que están condenados por quienes los ordenamos y situamos en una categoría o en un espacio en las bibliotecas. En esta ocasión, no importa la materia tratada ni si es impreso o manuscrito, sino que se exponen porque sirven para ilustrar el itinerario seguido por otros libros a lo largo de los siglos. De ahí la convocatoria dirigida a profesores universitarios, autores vinculados a centros de investigación, bibliotecas o instituciones académicas y a otros especialistas para que colaborasen en este proyecto en el que no se incide en el soporte material, ni siquiera en el contenido de los libros expuestos —difundido ya en catálogos y en copias en papel o en formato digital—, sino en la fortuna de cada uno de ellos.

Cartel de la exposición

Desde la primera idea hasta el original

En la primera de las dos partes de la exposición se muestran catorce libros en los que destaca sobre todo su trayectoria inicial, lo ocurrido desde que surgió la primera idea hasta que se logró el original, es decir, hasta alcanzar la materialidad ideada en la forma que el autor, promotor o editor deseaban.

La exposición comienza con el Ceremonial de consagración y coronación de los reyes y reinas de Aragón, Le livre des propriétés des choses de Bartholomaeus Anglicus y la Colación muy provechosa y Tractado de los loores de San Juan Evangelista de Fray Hernando de Talavera, manuscritos que se deben a la iniciativa o protección de tres reyes: Pedro IV de Aragón, Charles V de Francia e Isabel la Católica. Sigue con tres joyas bibliográficas cuyos autores fueron quienes idearon la obra y personalmente se ocuparon del proceso hasta que el libro llegó a su versión original: un manuscrito, el Libro de descripción de verdaderos retratos de ilustres y memorables varones de Francisco Pacheco, y dos impresos, los Caprichos de Francisco de Goya y la Segunda parte del Ingenioso Cavallero Don Quixote de la Mancha de Miguel de Cervantes. Un papel semejante tuvieron Alarcón en Diario de un testigo de la Guerra de África, que se muestra junto a la libreta manuscrita en la que vemos la primera versión de la obra, o Pardo Bazán que publicó Jaime, del cual regaló un ejemplar, encuadernado con un guante suyo, a José Lázaro. Romero de Lecea es el autor y editor de Trompetas y cítaras en los códices de Beato y él mismo encargó la encuadernación a Sün Evrard para el volumen que se reservó de la edición. Una serie de hojas con dibujos utilizadas por maestros o aprendices se convirtió en el Álbum de los duques del Infantado, precioso objeto de regalo, mientras que en el Álbum de Dolores de Perinat, un libro en blanco, la propietaria fue incorporando autógrafos de personajes de su entorno. Se cierra este primer capítulo con dos obras con fortuna por haber caído en manos de dos grandes impresores y tipógrafos del siglo XVIII: el Salustio de Ibarra y los Epithalamia de Bodoni.

Jaime, de Emilia Pardo Bazán, encuadernado con un guante suyo y dedicado a José Lázaro

El libro en manos de lectores y bibliófilos

En la segunda parte se exponen catorce obras que, después de una andadura más o menos accidentada, llegaron a manos de José Lázaro Galdiano. En ellas se aprecian huellas de su fortuna anterior: pertenecieron a personajes célebres, recibieron encuadernaciones artísticas y, a veces, sufrieron mutilaciones o fueron condenadas. En algún caso, el ejemplar que se expone es el único que ha sobrevivido.
Comienza esta sección con el Libro de horas de William Hastings, códice que perteneció a Mary Tudor, reina de Inglaterra, las Paraphrases al Nuevo Testamento de Erasmo, que llevan encuadernación del gran bibliófilo francés Jean Grolier, y el Almagesto, que perteneció al II duque de Medina de las Torres. El duque de Sessa, protector de Lope de Vega, puso especial celo en conservar los billetes que fue recibiendo del escritor y, por eso, se han conservado estos autógrafos de carácter efímero. A continuación se encuentra el Hypnerotomachia Poliphili, obra verdaderamente enigmática para los contemporáneos y para las generaciones siguientes, que ha despertado especial pasión entre los bibliófilos desde que se puso en circulación en 1499. No podían faltar en este discurso tres manuscritos que atestiguan la mutilación de impresos y manuscritos a lo largo de los siglos: el fragmento del Comentario a la Biblia de Rashi o Salomón ben Isaac de Troyes, una hoja suelta del Libro de horas de Juan sin Miedo con la Huida a Egipto y otra hoja suelta del Akbar Namah con una Procesión del emperador Akbar. Un impreso, la Biblia Políglota Complutense, y dos manuscritos, el Buscón de Quevedo y Amar y ser amado, la divina Philotea de Calderón sirven para recordar lo ocurrido con algunos libros en cuanto a la recepción y su fortuna crítica. La «cartilla» de fray Matías de Irala representa a las obras destinadas a la enseñanza que corren el riesgo de verse mutiladas o alteradas. Cierran la exposición el Sacramental de Sánchez Vercial y La oración de san León, ejemplares afortunados porque son los únicos de ediciones condenadas por la Inquisición.

IB_11571_DSC7809Hypnerotomachia Poliphili, impreso por Aldo Manuzio

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Esta exposición ha contado con la colaboración de la Asociación Internacional de Bibliófilos y el patrocinio de la Fundación Ramón Areces

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