Noticia de la muerte de Fortuny hace ciento cuarenta años


Por Fernando J. Martínez

El Archivo de la Fundación Lázaro Galdiano conserva una parte del Archivo personal de Pedro de Madrazo y Kuntz (1816-1898), que se incluye, por su interés, en el Proyecto de investigación “La literatura y las artes en epistolarios españoles del siglo XIX”. Entre los papeles, cartas, borradores y otros documentos del hermano del célebre pintor Federico de Madrazo (1815-1894), que en su día llegaron a manos de José Lázaro (1862-1947), damos a conocer esta carta firmada por el arquitecto Fernando Arbós (1844-1916), quien transcribe algunos párrafos de otra que su padre, el acuarelista Manuel Arbós (m.1875), le había remitido unos días antes. Fernando Arbós, que construyó la Casa Encendida, la Casa de las Alhajas en la plaza de San Martín o la iglesia de San Manuel y San Benito, ejemplo de arquitectura neobizantina, da cuenta de los últimos momentos del malogrado artista Mariano Fortuny (1838-1874), cuando tan sólo contaba treinta y seis años y las supuestas causas de tan fatal desenlace, que presenciaron su esposa Cecilia de Madrazo, Ricardo de Madrazo, su hermano, y otros artistas pensionados en Roma. Alguno de sus amigos como José Villegas quedó vivamente impresionado.

En la carta, en la que expone como motivo del fallecimiento una dolencia estomacal, se menciona expresamente a Bernardo Ferrándiz Badenes (1835-1885), pintor, alumno de Federico de Madrazo, profesor de la Escuela de Bellas Artes de Málaga y correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando que llegó desde Nápoles al tener noticia del fallecimiento, acompañado de Domenico Morelli (1826-1901), íntimo amigo de Fortuny.

La noticia del fallecimiento de Fortuny, el 21 de noviembre de 1874, se difundió rápidamente y apareció ilustrada en la prensa española.

IMG_4212cortMariano Fortuny en su lecho de muerte. La Ilustración Española y Americana, 8 de diciembre de 1874

La carta dice así:

Madrid, diciembre 4/74

Ilmo. Sr. don Pedro de Madrazo.

Muy Señor mío de mi mayor respeto y estimación. Adjunto remito a usted una copia de los párrafos de la carta de papá, fecha 26 del mes pasado, relativa a la dolorosísima muerte de Mariano Fortuny.

«Fortuny murió el día 21 sábado a las 6 de la tarde. Yo comí con el 15 días antes porque quiso hacerme beber el vino que había traído de Nápoles, llamado Lacrima Cristi, que fue lacrima de veras porque desde entonces no le vi más; al despedirme, que eran las nueve de la noche del día 7 me dio la fotografía que me había prometido de su Estudio, la que tú conoces porque me hablaste de ella».

»Fortuny por el examen o autopsia de su cadáver, que ha sido embalsamado, sufría del estómago porque estaba manchado con pequeñas llagas y se sabía que digería con dificultad, y que siempre se quejaba de cierto peso o dolor en el estómago, aunque según opinión de los médicos podía vivir todavía muchos años. Tuvo una calentura perniciosa y para cortarla emplearon el extracto de quinina y este irritó más la parte dañada produciendo una inflamación que reventó las llaguitas del estómago y en presencia de tres médicos que le estaban observando se volvió del otro lado, como le decían, y arrojó una boqueada de sangre quedando muerto. Los médicos atónitos se miraban el uno al otro porque hasta entonces había obedecido a todo lo que le decían apartando su camisa para mayor comodidad de los observadores. Esto prueba que la Medicina es una ciencia bastante incierta, puesto que ninguno de los tres médicos vio el peligro tan próximo. Los médicos eran Herard, Gatti y Grana, yo conozco a este último que es también cirujano y ha sido el que ha hecho la autopsia. Grana dijo, mientras esperaba, que Fortuna tenía varias entrañas dañadas, y que no hubiera podido por esta complicación vivir mucho. Se cree que el padre de Fortuny murió joven, puesto que este quedó huérfano siendo niño, no digo que su padre haya muerto de la misma enfermedad, pero a veces son cosas que se heredan.

»Fortuny solía vomitar lo que comía según me han dicho.

»El entierro ha sido muy decoroso, más de mil artistas le han acompañado al Campo Santo y, a pesar del carro fúnebre, los compañeros del circulo artístico y demás han querido llevar a cuestas la caja, que por lo visto pesaba mucho, aunque no iba en la de plomo que se puso en el Campo Santo. Hubo varios discursos, habló un pintor llamado Vertuni napolitano, el Síndico o Corregidor de Roma después, luego Ferrandis catalán, pintor discípulo de Fortuny, después un francés escultor y varios otros. La Embajada Española siguió como todos a pie hasta el Campo Santo y detrás venían unos 15 coches. La Academia de Francia depositó una corona de laurel como también otras corporaciones. El convoy iba precedido de una bandera negra a la punta de la cual había una paleta con pinceles velados con crespón».

En cuanto reciba otras noticias se las remitiré con la mayor prontitud y suplicándole encarecidamente se sirva ponerme a los pies de su Sra. e hijas me repito de usted afmo. y S. S. Q. B. S. M.

Fernando Arbós [Rúbrica]

IMG_4214+El pintor Vertunni leyendo ante el cadáver de Fortuny en el cementerio de San Lorenzo, según croquis de Pradilla. La Ilustración Española y Americana, 15 de diciembre de 1874.

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