El manuscrito de la Crónica de los Reyes Católicos de la Biblioteca Lázaro Galdiano


por CHARLES B. FAULHABER

En la Fundación Lázaro Galdiano se conserva un manuscrito (inventario 15135, BETA manid 3458) que contiene tres textos, descritos sumariamente en Manuscritos españoles de la Biblioteca Lázaro Galdiano por Juan Antonio Yeves (Madrid, 1998):

1.    …los capítulos segundo y quinto de la Chronica de los Catholicos rreyes don fernando y doña ysauel, compuesta por el maestro antonio de nebrixa…
2.    …la coronica del quarto rrey don Enrrique de gloriosa memoria fecha por el liçençiado diego Enrriquez…
3.    Testamento de la serenissima Reyna doña Ysabel (Medina del Campo, 2 de octubre de 1504, con codicilo de 23 de noviembre).

Aunque la Crónica de los Reyes Católicos sólo presenta la anotación «Acabola Juan de Olibares | Criado del señor Corregidor | de aranda | [firmado] Juan de Olibares», por otras notas que aparecen en el volumen, al final de la Crónica de Enrique IV y al final del Testamento de Isabel I, se  puede concluir que el manuscrito se escribió entre 1563 y 1569.

Crónica de los Reyes Católicos. Manuscrito, 1563-1569. Biblioteca Lázaro Galdiano, inventario 15135.

Crónica de los Reyes Católicos.
Manuscrito, 1563-1569. Biblioteca Lázaro Galdiano, inventario 15135.

De la Crónica de los Reyes Católicos se conocen por lo menos 45 manuscritos (BETA texid 1715) y conviene aclarar, en primer lugar, que  el autor no es Antonio de Nebrija sino Hernando del Pulgar. El nieto de Nebrija la publicó con el nombre de su abuelo, en 1565, por un equívoco.
Con ocasión de la muestra que tuvo lugar en el Palacio Real de Madrid en 2001, en el catálogo de la exposición, Tesoros de la Real Academia de la Historia (Madrid, 2001, pág. 329, n. 256), se aclara esta confusión:

La Crónica de Hernando del Pulgar apareció en su primera edición atribuida a Antonio de Nebrija, equívoco que se deriva de haber llevado a cabo el ilustre gramático una traducción latina del texto castellano de Pulgar [publicado a nombre de Nebrija en Granada, en 1545 y 1550, como Rerum a Ferdinando et Elisabe Hispaniarum felicissimis regibus gestarum decades duae], utilizando para ello el manuscrito original, que le fue entregado por el doctor Galíndez Carvajal. El 20 de octubre de 1564 el nieto de Antonio de Nebrija, de su mismo nombre, obtuvo el privilegio para publicar esta crónica en su versión original castellana, utilizando para ello el manuscrito que estaba entre los papeles de su abuelo, cuya autoría auténtica no supo determinar, y el resultado de ello fue la presente edición…
La edición es de Sebastián Martínez, uno de los más activos impresores de la segunda mitad del siglo XVI con imprenta en varias ciudades castellanas, principalmente en Valladolid y Alcalá de Henares. En el siglo XVI se hizo otra edición de la Crónica, ya correctamente atribuida, en Zaragoza, por Juan Millán, en 1567.

La relación del manuscrito de la Crónica de los Reyes Católicos de la Fundación con las ediciones de Valladolid, 1565 (BETA manid 5311) y Zaragoza, 1567 (BETA manid 5325) tiene también interés porque arroja luz sobre la circulación de los libros impresos en la España de la segunda mitad del siglo XVI.

Crónica de los Reyes Católicos. Valladolid, 1565. Biblioteca Lázaro Galdiano, inventario 5562.Zaragoza, 1567. Biblioteca Lázaro Galdiano, inventario 10569.

Crónica de los Reyes Católicos.
Valladolid, 1565. Biblioteca Lázaro Galdiano, inventario 5562.
Zaragoza, 1567. Biblioteca Lázaro Galdiano, inventario 10569.

En Aranda del Duero, ciudad que dista menos de 100 kilómetros de Valladolid, antes de dar por concluido el manuscrito –el día 6 de diciembre de 1569 el copista estaba trabajando en él– se conocía la edición vallisoletana de 1565 de la Crónica de los Reyes Católicos y no la  de Zaragoza de 1567. Se puede pensar que Zaragoza y Aranda de Duero son ciudades más alejadas –se hallan a casi 275 kilómetros– pero sospechamos que el desconocimiento del copista de la reciente edición zaragozana se debía más a la escasa circulación de los libros en los distintos reinos de la Corona española –dificultada por las  circunstancias legales, es decir, por sus privilegios– que a la distancia entre estas ciudades.

Charles B. Faulhaber
The Bancroft Library
University of California, Berkeley

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