QUINTO CENTENARIO DE LA MUERTE DE CISNEROS Y DE LA EDICIÓN DE LA BIBLIA POLÍGLOTA.


Por Juan Antonio Yeves Andrés

Cisneros y los libros

El nombre de Cisneros ocupa un lugar destacado en la historia de la edición española por su protagonismo en una obra maestra, la Biblia Políglota, el mayor monumento tipográfico de la imprenta de la época. Por otra parte, tampoco podemos olvidar su intervención en el Misal Rico, destinado al altar mayor de la Catedral de Toledo, otra joya bibliográfica, en este caso un manuscrito. Estos libros surgieron gracias a su mecenazgo y, por eso, su nombre permanecerá con caracteres imborrables en los anales del libro hispánico.

Pero su papel de mecenas o promotor de libros no se limita a la edición de la Biblia Políglota, también intervino en la de obras de exégesis sobre las Sagradas Escrituras, como las de Alfonso Fernández de Madrigal, el Tostado; obras litúrgicas para la Iglesia de Toledo, entre otros el Breviario, Diurnal, Manual o Misal; obras de espiritualidad de autores como Juan Clímaco, Ludolfo de Saxonia, Catalina de Siena, Ángela de Foligno o Ambrosio Montesino; obras de instrucción doctrinal de Antonino de Florencia o Antonio García de Villalpando; obras de filosofía, como las de Aristóteles o Ramón Llull; y, finalmente, textos propios, epistolares o de carácter normativo, como las Constituciones del Arzobispado de Toledo. Al repasar la relación de libros en los que intervino vemos claramente no solo su apoyo a la imprenta sino también su patrocinio a escritores y textos varios.

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Vita Cristi cartuxano romançado de Ludolphus de Saxonia.
Madrid, Biblioteca Lázaro Galdiano, IB 7688. (Detalle).

En algún caso podemos hablar de proyectos fallidos, porque no los vio finalizados o quedaron en estado embrionario, como ocurre con la publicación de las obras del Tostado en Venecia, interrumpida al fallecer el editor Giovanni Giacomo de Angelis en 1508, o las de Aristóteles.

Cisneros, además, fue la persona que dispuso quienes serían los autores materiales de muchas de estas obras relacionadas con sus intereses espirituales, impresores muy notables en la historia del libro hispano: Pedro Hagenbach, que residía en Valencia, acudió a la llamada de Cisneros e instaló su imprenta en Toledo, Estanislao Polono y Arnao Guillén de Brocar, procedentes de Sevilla y Logroño, abrieron sus talleres en Alcalá de Henares.

No siempre se trataba de una intervención directa sufragando los gastos de la publicación sino que, a veces, Cisneros solo tenía el papel de promotor y la edición era costeada por un mercader, como ocurre en el Vita Cristi cartuxano romançado de Ludolphus de Saxonia. La estampa de la portada confirma la participación de Cisneros pues en ella es él quien presenta la obra a los Reyes Católicos mientras que otro fraile —el traductor, fray Ambrosio Montesino— está presente en la escena. En esta ocasión de los gastos materiales se hizo cargo el mercader García de Rueda quien, al parecer, no logró el beneficio esperado. Este hecho motivó que el impresor Estanislao Polono abandonase su taller de Alcalá, por lo que se puede decir que la primera imprenta de esta ciudad tuvo una vida efímera. Se reanudó la actividad de forma brillante cuando llegó Arnao Guillén de Brocar, impresor de la Biblia Políglota.

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Vita Cristi cartuxano romançado de Ludolphus de Saxonia.
Madrid, Biblioteca Lázaro Galdiano, IB 7688.

Otras veces fueron los mismos editores quienes corrieron con los gastos de impresión, como ocurrió en otro libro que lleva las armas de Cisneros, Erotemata Chrysolorae, publicado con pie de imprenta del 10 de abril de 1514, aunque debe ser de 1513. En esta ocasión no fue el Cardenal quien corrió con los gastos sino el editor, Demetrio Ducas. Este autor fue llamado por Cisneros para que se ocupase de la corrección de la Biblia Políglota y para atender la docencia en la cátedra de griego de la Universidad, siendo así su primer catedrático. Ducas afirma en el libro: «A vosotros toca ahora recibir con benevolencia el fruto de mis sudores, de mis vigilias, de mis gastos, darme por ello el aplauso».

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Erotemata Chrysolorae.
Biblioteca de José Lázaro Galdiano. En 1935.

La Biblia Políglota

La publicación de la Biblia Políglota, impulsada por el fervor bíblico de Cisneros y respaldada por su mecenazgo, es una de las empresas culturales más memorables del siglo XVI y «un monumento de eterna gloria para España» según Menéndez Pelayo.

Durante la Edad Media se realizaron muchas copias del texto bíblico con divergencias considerables por interpolaciones y errores de copistas, que no se revisaron en versiones posteriores. Existía conciencia de esta situación y del abandono de los estudios bíblicos y por eso se pretendió establecer cátedras para el conocimiento de las lenguas «muertas» y de los textos clásicos en las principales universidades, pues era necesario fijar correctamente, con el respaldo de un riguroso trabajo filológico, las Sagradas Escrituras a partir de la versión hebrea del Antiguo Testamento y de la griega del Nuevo.

Con la invención de la imprenta se multiplicaron los ejemplares de la Vulgata, es decir, la versión latina, en ediciones más o menos fiables, dado que permanecían o se acrecentaban las erratas precedentes. Por estas discrepancias existentes entre las diferentes translaciones latinas, manuscritas e impresas, que se habían separado del texto original, y por el auge de los estudios ecle­siásticos surgió la búsqueda de la versión más correcta de las Sagradas Escrituras.

El cardenal Cisneros, humanista y bibliófilo, fue consciente también de esta carencia y, como generoso mecenas, quiso ofrecer a la cristiandad una Biblia Políglota. Su empeño de lograr un texto fiable se hizo realidad, si bien el esfuerzo y los gastos materiales fueron extraordinarios: reunió bajo su dirección investigadores, filólogos y los más ilustres humanistas, recurrió a Arnaldo Guillén de Brocar, el mejor impresor de la época, y gastó 50.000 ducados de oro.

Desde 1502 hasta 1517 no se vieron interrumpidos los trabajos editoriales que habrían comenzado con la búsqueda de los textos necesarios para la obra. Se reunieron los manuscritos más fiables, algunos procedentes de bibliotecas españolas y otros traídos de Italia, Siria o Creta, a los que se sumaron los prestados por el Papa León X, y se eligió el plantel de colaboradores que resultó excepcional. Cada uno realizaría tareas concretas, así, tres judíos conversos se ocuparían de las versiones hebrea y aramea: Pablo Coronel, primer catedrático de hebreo de la Universidad de Alcalá, Alfonso de Zamora y Alfonso de Alcalá, que impartieron clases en Salamanca. El encargo de fijar el texto griego de los Setenta recayó en el cretense Demetrio Ducas, editor del Erotemata de Emmanuel Chrysoloras y catedrático de griego en Alcalá, que había colaborado con Aldo Manucio. La traducción interlineal latina del texto griego se debe a Juan de Vergara, secretario de Cisneros y amigo de Erasmo, y tal vez también a Pedro Ciruelo, que ocupó la cátedra de Teología. Por último, del texto de la Vulgata se dejó al cuidado de Antonio de Nebrija, Hernán Núñez de Guzmán, Bartolomé de Castro y quizá Diego López de Zúñiga.

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Biblia Políglota.
Madrid, Biblioteca Lázaro Galdiano, IB 1170/1175.

Cuando se terminó de imprimir el Antiguo Testamento, el 10 de julio de 1517, al presentarle el hijo del impresor Arnao Guillén de Brocar el primer ejemplar el Cardenal exclamó: «Gracias os doy, Señor, porque habéis querido que vea yo felizmente terminada esta obra, en que he puesto todo mi cuidado y solicitud» y, posteriormente, añadió: «Muchas cosas he hecho hasta ahora en beneficio de la república, difíciles y costosas, pero ninguna, amigos míos, como ésta, por la cual me debéis felicitar muy de veras, pues desde hoy quedan patentes a todos los sagrados manantiales de nuestra religión, en los cuales se podrá beber mucho más pura la ciencia teológica que en los arroyuelos que están más apartados del manantial. Y ya veis cuan necesario era en nuestros tiempos emprender este trabajo».

Poco tiempo después, el 8 de noviembre de 1517, el cardenal Cisneros falleció en Roa (Burgos), cuando viajaba a Valladolid para encontrarse con el futuro rey Carlos I.

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